Alberto Ferro Pérez

Alberto Ferro Pérez nació el 12 de mayo de 1971 en Vilanova de Arousa, en la comarca del Salnés (Pontevedra, Galicia). Creció en el contexto de una familia numerosa de la Galicia rural y marinera, con la ría como horizonte permanente y el trabajo como única certeza.


A los veinte años embarcó como marinero en el buque Puente de Gondomar, de la empresa Pereira Molares, con destino a Walvis Bay (Namibia). Aquella primera singladura en enero de 1992 abrió una etapa de vida en alta mar que él mismo describe como formativa y dura a partes iguales. El servicio militar en el BRIPAC, cumplido en 1994, lo alejó definitivamente del mar sin que mediara una decisión explícita: simplemente, el mar quedó atrás.


De regreso a tierra, su trayectoria profesional abarcó la carpintería, la seguridad, el trabajo en hostelería y la administración. Trabajó como recepcionista nocturno en hoteles de la costa gallega, oficio que ejerció con rigor y que marcó su carácter. En 1999 sufrió un grave accidente de tráfico que supuso un antes y un después en su vida. La recuperación, lenta y exigente, duró dieciocho meses.





En 2010 nació su hijo Xaime. Los cinco años que vivieron juntos son, según el propio autor, la parte más luminosa y más dolorosa de su historia. La muerte de Xaime en 2015 lo dejó en el fondo de un pozo del que, dice, todavía está subiendo.


Escritor tardío por necesidad más que por vocación, Alberto Ferro Pérez escribe en español con alma gallega. Mantiene el blog memorial Recuerdos de Xaime (recuerdosdexaime.blogspot.com). Actualmente reside en Vilanova de Arousa con su madre, Isolina Ferro Cores.


La vida que me tocó vivir es su primera obra de largo aliento. La escribió porque, como él mismo explica, nadie más iba a hacerlo.

Vilanova de Arousa, 1971. Un niño crece entre el olor a conservas, el humo de los cigarrillos Ducados y la luz oblicua de las rías bajas gallegas. Ese niño es Alberto Ferro Pérez, y esta es la historia sin adornos de todo lo que le tocó vivir.


La vida que me tocó vivir es un memoir que atraviesa medio siglo de historia personal con la honestidad brutal de quien ya no tiene nada que ocultar. Desde la infancia en una familia numerosa del Salnés hasta los mares de Namibia a bordo del Puente de Gondomar, desde los cuarteles del BRIPAC en Alcalá de Henares hasta las noches largas de recepción en hoteles de la costa gallega, Alberto traza un retrato íntimo y descarnado de una vida marcada por el trabajo, la pérdida y la resistencia.


El libro no rehúye nada. Narra el accidente de tráfico de 1999 que lo puso al borde de la muerte y los dieciocho meses de rehabilitación que le siguieron. Narra también la adicción —el alcohol y la cocaína desde los diecisiete años— con una claridad que no busca la redención sino la verdad. Y en el centro de todo, como un pozo que da sentido a cada página, la figura de su hijo Xaime: su llegada en 2010, sus cinco años de vida, su muerte en 2015.


Estructurado en nueve bloques cronológicos, el relato avanza desde la Galicia de los años setenta hasta el presente, sin saltos acrobáticos ni concesiones al sentimentalismo. Lo que Alberto escribe lo ha vivido. Nada está inventado. Nada está embellecido más de lo que la propia memoria, fiel a su naturaleza, ya embellece.


Una memoria escrita desde el fondo del Atlántico y desde el fondo de uno mismo. Una vida que no pidió permiso para ser difícil, pero que tampoco pidió perdón por haberlo sido.


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